miércoles, 12 de agosto de 2020
jueves, 16 de abril de 2020
viernes, 10 de abril de 2020
martes, 7 de abril de 2020
lunes, 30 de marzo de 2020
Escribir como quien inicia una travesía en el mar si haberlo navegado nunca,
sin haber estado más profundo que donde tus pies tocan la arena.
Me arrojé a un mundo desconocido y vivo, sin saber nadar.
Esta fue quizás mi única valentía y el mas delicioso de mis atrevimientos.
Mar de las Pampas, Argentina
domingo, 16 de febrero de 2020
lunes, 7 de enero de 2019
martes, 3 de julio de 2018
Vuela, 2017
El silencio, ese breve espacio entre la palabra y la muerte, ha tomando la dimensión de una escalera con la velocidad de un elevador. Tantas cosas han muerto, aunque sigan vivas, en el fondo de mi mar no serán más que dedales de oro, que brotaron una temporada. Último piso, azotea. Abres la puerta y las palomas se echan al mar. Sales, respiras, miras la ciudad. Tratas de no sucumbir a la pulsión de ubicar un hogar. ¿Qué es un hogar? se pregunta un hijo luego de besar por última vez a su madre muerta. Habrá que construirlo o dejar que entre la maleza y la oscuridad tapie las ventanas. Habrá que podar y restablecer la luz.
miércoles, 12 de abril de 2017
Sólo el viento preguntaría de dónde viene
uno. Después de empujarte a la niebla y perderte donde el espesor húmedo de una
densa nube lo fue todo. Y aún así, seguir remando en el efluvio que
impensadamente se disipa hasta que quedamos solos y expuestos, extraviados en
la luz del día.
Tengo un corazón.
Una vez por lo menos lo tuve.
Mi corazón tiembla por cualquier cosa.
Cualquier cosa lo hace temblar,
una gota de lluvia basta, una débil brisa.
Este corazón es como una explanada, como el desierto
curtido por el sol.
Ah, hasta dónde las palabras habrán de llevarme.
Mis pensamientos han estado totalmente equivocados.
Este corazón iba a un lugar,
yo a otro.
Una vez por lo menos lo tuve.
Mi corazón tiembla por cualquier cosa.
Cualquier cosa lo hace temblar,
una gota de lluvia basta, una débil brisa.
Este corazón es como una explanada, como el desierto
curtido por el sol.
Ah, hasta dónde las palabras habrán de llevarme.
Mis pensamientos han estado totalmente equivocados.
Este corazón iba a un lugar,
yo a otro.
miércoles, 28 de septiembre de 2016
martes, 4 de septiembre de 2012
del libro Nada, Lom Ediciones 2004
Cuando se seca el río, apenas queda un largo brazo hendido de piedras y musgo.
Algo parecido al vacío necesario para que las palabras se acumulen y luego se
marchen.
El agua corre contra las piedras, arrastrando a las más pequeñas.
La roca en cambio ha quedado en mitad del río.
En ella se golpean las aguas y crece el musgo y otras piedrecillas se adhieren.
Capa a capa de piedra se fue enancando para sentir el calor del sol. Aparte del
calor del sol y el frío del agua no siente nada. El corazón de la roca tiene la forma
de la roca. Tal cual la roca se ha formado, se ha formado el corazón.
Podría decirse que ninguna parte de la roca se desprende de su corazón.
La roca en sí misma es su propio corazón.
El corazón de la roca es sordo y todo le rebota.
Cada vez que la roca ha querido dejar de ser roca, el río la ahoga o abandona.
El río no siente lo que siente la roca. No podría sentirlo.
Se está marchando constantemente.
La roca sin embargo se queda.
Aunque se secase el caudal completamente.
Aún cuando despertase en mitad del desierto.
Nada, Lom ediciones
sábado, 11 de diciembre de 2010
La Luz que me ciega de Paz Errázuriz y Malú Urriola
Paz Errázuriz-Malú Urriola
Inauguración jueves 16 de diciembre 2010
Museo de Arte Contemporaneo MAC
Parque Forestal S/N
Metro Bellas Artes
En La luz que me ciega convergen varias artes: La fotografía, el video documental, el video arte digital, la música y la escritura poética que reflexiona y cuestiona el tema de la mirada, sus alteraciones, su eventual pérdida en el marco de una sociedad bombardeada por la imagen como espectáculo. Los dispositivos plásticos y la poesía se integran, para articular una obra multidisciplinar que mezcla y tensa críticamente lo local ...con lo global desde una reflexión a dos voces sobre el sentido y el sinsentido del ver en la sociedad contemporánea.
El trabajo se fundamenta en personas que sufren de acromatopsia, que consiste en ver en blanco y negro, y para quienes el concepto de gris no sólo no existe, sino que es tan irreal como el resto de los colores. “Este trabajo no pretende ser un ejemplo de cómo personas con ciertas características no normales de visión pueden interactuar en circunstancias adversas y diversas. Por el contrario, nos preguntamos si ver en blanco negro será necesariamente una anomalía, una enfermedad sin cura, o es tan sólo otra forma de ver”, reflexionan las autoras.
El video cuenta con la colaboración de Carolina Tironi, quien además, diseñó el libro Catálogo.
La música de la muestra fotográfica fue compuesta por Michele Espinosa.
Esta muestra se inaugura en el MAC el 16 de diembre del 2010 a las 19:30 hrs.
Sólo en este evento el libro catálogo tendrá un costo de $ 5.000
martes, 14 de septiembre de 2010
Cuentos para escuchar: Kawabata por Malú Urriola
Esta vez, novedades en los cuentos para escuchar: la poeta chilena Malú Urriola quiso leer un fragmento de una novela y acá estamos, con el comienzo de "Lo bello y lo triste", del Premio Nobel japonés Yasunari Kawabata.
Kawabata nacio en Osaka en 1899. A los tres años quedó huérfano: la soledad seríaa una marca en su vida. Esto se vería en su obra, que incluye títulos como "País de nieve" (1948), "El clamor de la montaña" (entre 1949 y 1954) y "Bellas adormecidas" (1961). Decía que su obra buscaba la armonía entre la humanidad, la naturaleza y el vacío. En 1968 ganó el Premio Nobel de Literatura y en 1972 se suicidó.
Publicada en 1965, "Lo bello y lo triste" es su última novela.
La lectora, Malú Urriola, nació en Santiago de Chile en 1967. En 1994 se destacó por su libro "Dame tu sucio amor" y en 1998 apareció "Hija de perra". En 2003 salió "Nada" y en 2007, "Bracea". Con su poesía contundente y a la vez íntima ganó en 2004 el Premio Municipal de Poesia, en 2006 el Premio Pablo Neruda y en 2009, la Beca Guggenheim.
Lo grabó hace unos meses, durante una visita a Buenos Aires.
Acá está:
Malukawabata by Kolesnicova
viernes, 16 de julio de 2010
de Bracea
No hay estrellas.
No.
No hay.
Yo quería que hubiese para prenderme y apagarme.
Pero esta noche, no.
No hay.
Ni una sola.
Ni una.
Se ha forrando de nubes el cielo.
Se revuelcan, abrazan, besan, funden, animalmente las nubes.
Y detrás vienen más, y más, hasta que forman un mar gris.
Cuando las nubes están grises, agrisan el mar. También el pueblo.
La vida me escucha mejor que cualquiera.
Si le pido que se nuble, se nubla.
martes, 29 de diciembre de 2009
jueves, 27 de noviembre de 2008
Bracea, Editorial LOM 2007
J.P. Junior

J unior se inventó el J. P. antes del Junior.
Lo sé porque dejo pasar unos meses y le vuelvo a preguntar y me dice que se llama Juan Pedro, otras, Josef Paul, o Jeremías Prudencio… J. P. dice cualquier cosa.
J. P. tiene piernas sólo hasta las rodillas. Luego lo sostienen unos maderos sin músculos, ni carnes. Ya casi no puede moverse. Por eso se pasa la mayor parte del día sentado contándonos historias, cosas que tal vez ocurrieron pero que la memoria siempre deforma.
Cuando nosotras no lo miramos, él saca unos bastones de debajo de la mesa que tiene a su lado, cubierta con un fino mantel que nuestra madre le bordó. Nosotras sabemos que cuando J. P. quiere levantarse debemos mirar al techo, o hacia el lado, lo suficiente como para dejarlo sacar sus bastones e incorporarse con la dignidad de no ser observado en su ruina ávida de equilibrio.
J. P. no pudo jamás sobreponerse a la desgracia de haber perdido sus piernas.
El decía que las había olvidado en alguna parte. Que una mañana al levantarse, llegó hasta el baño, se cepilló los dientes y al mirarse la cara al espejo como todas las otras mañanas -esa bienvenida a la realidad de verse una arruga más, que constata la sobre vivencia de los días recientes y de esos ya tan alejados y poco probables-. Estaba meditando estas cuestiones matutinas cuando se dio cuenta que no tenía las piernas.
Así se pierden las cosas, nos dijo.
Un día, de pronto, ya no están.
martes, 21 de octubre de 2008
Hija de perra. Ed. Cuarto Propio 1998

Afuera daba vueltas un farol rojo y el letrero se caía a pedazos como de boite de mala muerte, como si fuésemos a estrellarnos contra la muerte, el hombre sacó una pequeña llave. Ladraban los perros, y el hombre nos condujo hasta un cuartucho que no volveríamos a ver, encendimos la TV y unos porros, luego me fumé un cigarro detrás de otro, uno detrás de otro y te contemplé hablar y hablamos del cuartucho, de la cojera del hombre, nuestra propia cojera, de la noche que corría con una prisa extraña, las nubes pasaban rápidas, azulosas, violáceas, como golpes de la vida, como si nos fuésemos a golpear contra la vida, el hombre trajo dos cafés que se enfriaron sobre el velador, en un rincón del cuarto quedaban los restos de una fiesta que otros dejaron, qué ganas de tomarme un trago, te dije, tú te acercaste lentamente, al contrario de las nubes, al contrario de la noche que corría aprisa, al contrario de los perros que no dejaban de ladrar, de vez en cuando se callaban, y se callaban hasta que las luces de un automóvil se estrellaba contra los vidrios y encendía el cuartucho que dejaba ver tu cuerpo y luego venían las sombras que te cubrían, lejos de casa, tan lejos de casa y en la radio con las pilas medio muertas la Janis cantaba bye, bye, baby.
Hija de perra. Ed. Cuarto Propio 1998

Pasé el sábado tumbada, fumando y leyendo, otra vez perdiendo el tiempo, tú sabes que el tedio me hace leer mucho y perder mucho el tiempo, me quedé pegada mirando al techo como una idiota, trivializada como una idiota, porque sólo una idiota puede espantar esta pena, no quería oírte, no quiero escucharte... me hace bien quedarme sorda, me hace mal, me saco el brazo para calmarme, lo tiro sobre la cama y me calmo, no sabes cómo me calmo, porque sin este brazo no soy nadie, nadie, sin este brazo soy la pobre inútil que quisieras ver, sé que desearías verme sin este brazo, sería tu triunfo que me quedara muda y no te hablara, y es que no te hablo, leí La amortajada sola, solita, amortajadita... entonces no tenía esta boca, esta herida tuya sobre el lomo que no se cierra... entonces no escribía ni era como si lo hiciese, sorda era sorda y no hablaba de nada y no tenía nada que escribir a nadie, ni me importa si te gusta la Bombal, ni sentía este impulso de averiarme, ni de escribir como una bruta, porque sólo una bruta bracea contra la corriente, sólo una bruta escribe en estos tiempos brutales, porque soy incapaz, tosca y necia, bruta la que cree que escribiendo vive, que escribiendo muere, bruta la que cree que un puñado de palabras sirve para algo, porque soy bruta insisto, porque soy bruta no entiendo, porque soy retardada, porque cada palabra que no pronuncian mis labios me muerden como los hocicos de cien perros... quítame estos perros, no los sueltes... arráncame las cadenas del cuello me lo rebanan, las palabras ya no me abastecen, las palabras no sirven para nada, para nada, ni siquiera dicen lo que querrían decir, las tuyas en cambio son certeras, las tuyas si van a matar, matan. Los pedazos de mí lo saben por eso te temen, por eso te desean. Me arruinan, sabes que las palabras me arruinan, me están revolviendo entera, les temo, les temo tanto como a la ausencia de palabras, el temor es inmóvil, el temor se parece al tedio, como si estuvieran unidos de la misma cabeza, ejecutan la misma telemetría, por eso cuando no escribo, leo, y cuando no leo, hablo, y cuando no hablo, sueño... no me dejes a solas con este tedio, a la deriva muda de este tedio... a la diestra y siniestra del tedio.
***
J.P. Junior

J unior se inventó el J. P. antes del Junior.
Lo sé porque dejo pasar unos meses y le vuelvo a preguntar y me dice que se llama Juan Pedro, otras, Josef Paul, o Jeremías Prudencio… J. P. dice cualquier cosa.
J. P. tiene piernas sólo hasta las rodillas. Luego lo sostienen unos maderos sin músculos, ni carnes. Ya casi no puede moverse. Por eso se pasa la mayor parte del día contándonos historias, cosas que tal vez ocurrieron pero que la memoria siempre deforma.
Cuando nosotras no lo miramos, él saca unos bastones de debajo de la mesa que tiene a su lado, cubierta con un fino mantel que nuestra madre le bordó. Nosotras sabemos que cuando J. P. quiere levantarse debemos mirar al techo, o hacia el lado, lo suficiente como para dejarlo sacar sus bastones e incorporarse con la dignidad de no ser observado en su ruina ávida de equilibrio.
J. P. no pudo jamás sobreponerse a la desgracia de haber perdido sus piernas.
El decía que las había olvidado en alguna parte. Que una mañana al levantarse, llegó hasta el baño, se cepilló los dientes y al mirarse la cara al espejo como todas las otras mañanas -esa bienvenida a la realidad de verse una arruga más, que constata la sobre vivencia de los días recientes y de esos ya tan alejados y poco probables-. Estaba meditando estas cuestiones matutinas cuando se dio cuenta que no tenía las piernas.
Así se pierden las cosas, nos dijo.
Un día, de pronto, ya no están.
Bracea, 2007. Ed. LOM
viernes, 7 de septiembre de 2007
Bracea, Lom Ediciones, 2007
Eu ñao sou eu nem sou outro.
Sou qualquier coisa de intermedio.
Pilar da ponte de tédio.
Que vai de mim para outro.
Mario de Sá-Carneiro
I
EL PERRO
El viento del trenrasgaba mi cara como una lija que bien pudiese habérmela arrancado.
No me moví ni un segundo.
Quedé paralizada frente al viento que chirriaba sobre los rieles.
El sonido de los pitazos del tren me había ensordecido tanto,
que podía escuchar el bombeo de la sangre corriendo velozmente por mis venas.
Confundiéndose con el crujido que producían las ruedas metálicas,
mientras sacaban chispas de fuego de los oxidados rieles.
Confundiéndose con el crujido que producían las ruedas metálicas,
mientras sacaban chispas de fuego de los oxidados rieles.
Entre cada porción de vista -dónde se separaban carro y carro-
podía ver el sembradío de la modesta casa del frente. Y la vecina que me mira con horror.
Cuando el tren se alejó llevándose el ruido.
El silencio violentamente había partido al perro en dos.
***
La parte delantera de nuestro perro
me miraba como si quisiese salir corriendo de ese lugar donde el radiante sol del medio día
se le iba anocheciendo en mitad del cielo.
Una mascara de lágrimas temblaban en los ojos de nuestro perro
-como en los ojos de la Princesa Caballero- aquella valiente heroína japonesa que veíamos por la tevé.
***
Los ojos del perro volvían esa temblorosa mirada directo a los míos,
como se devuelven aquellas cosas que jamás se ofrendaron.
Unos metros más allá.
Las patas traseras, fatalmente separadas del cuerpo,
aún rasguñaban la tierra queriendo volver a ser un perro.
Imposible.
Así, tan desmembrado por un corte perfecto.
Imposible pensar que pudiese ser posible.
Salvo por un desdedoñoso, cándido deseo, de volver a unir aquello que yace separado.
ButEl 1 se había convertido en2
Y 2 son 2
***
Su parte delantera, dio 3 saltos, 3 convulsiones, 3 estertores, 3 agonías.
Unos metros más allálas patas traseras aún obedecían con una lealtad sobrecogedora
el ritmo de las patas delanteras.
Aquel corte perfecto, no despedía una gota de sangre. Las tripas seguían latiendo sin haberse derramado un milímetro. El perro partido en dos añoraba seguir siendo uno. Y de pronto, como se marchan las cosas de esta vida, de sus ojos empezó a zarpar la angustia. Y los clavó en los míos,
con la paz que se consigue cuando ya no hay para qué desear nada, en ninguna parte.
Ni esperar que nada cambie, ni que nada se una.
Porque se cuenta con la liberadora certeza que uno es uno.
Nada más. Pero nada menos.
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